ACOSO ESCOLAR Y RESILIENCIA EN ESTUDIANTES
DE OCTAVO AÑO EN LA UNIDAD EDUCATIVA
VICENTE ROCAFUERTE, GUARANDA
BULLYING AND RESILIENCE IN EIGHTH GRADE STUDENTS
AT VICENTE ROCAFUERTE EDUCATIONAL UNIT,
GUARANDA
Paola Estefanía Baquero Zapata
Universidad Politécnica Salesiana, Ecuador
María Cristina Loaiza Romero
Investigadora Independiente, Ecuador
Joffre David Agualongo Amangandi
Universidad Politécnica Salesiana, Ecuador
Tamia Daniela Guerra Espinoza
Investigadora Independiente, Ecuador
Byron Fernando Muso Defaz
Investigadora Independiente, Ecuador
P á g i n a 2380
Revista Científica y Académica. Vol. 4, No. 2, Abril, Junio Año 2024
DOI: https://doi.org/10.61384/r.c.a..v4i2.375
Acoso Escolar y Resiliencia en Estudiantes de Octavo Año en la
Unidad Educativa Vicente Rocafuerte, Guaranda
Paola Estefanía Baquero Zapata
pao_baquero@hotmail.com
https://orcid.org/0000-0003-0605-3405
Universidad Politécnica Salesiana
Ecuador
María Cristina Loaiza Romero
marialoaiza22061992@gmail.com
https://orcid.org/0009-0009-8380-5747
Investigadora Independiente
Ecuador
Joffre David Agualongo Amangandi
joffreagualongo90@gmail.com
https://orcid.org/0000-0001-6822-6290
Universidad Politécnica Salesiana
Ecuador
Tamia Daniela Guerra Espinoza
tguerra@udlanet.ec
https://orcid.org/0009-0005-7525-0877
Investigadora Independiente
Ecuador
Byron Fernando Muso Defaz
byron.muso10@gmail.com
https://orcid.org/0000-0001-6864-8813
Investigador Independiente
Ecuador
RESUMEN
El estudio abarcó una muestra de 100 adolescentes de octavo de básica con el fin de analizar los tipos
de acoso escolar y la capacidad de resiliencia. El tipo y diseño de investigación fue descriptivo-
correlacional. Para cumplir con los objetivos planteados, se utilizó el Autotest de Cisneros, que
permitió identificar los diversos tipos de acoso escolar. Asimismo, se empleó la Escala Breve de
Resiliencia de Smith (BRS) para evaluar la capacidad resiliente de los adolescentes. Los resultados
indicaron que existe un elevado porcentaje de acoso escolar entre los estudiantes de octavo año,
siendo los más comunes el acoso psicológico y físico. Además, se evidenció la presencia de niveles
adecuados de resiliencia frente a situaciones de conflicto.
Palabras clave: Acoso escolar, resiliencia, adolescente
Recibido: 24-mayo-2024 / Aprobado: 27-junio-2024
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Bullying and Resilience in Eighth Grade Students at Vicente
Rocafuerte Educational Unit, Guaranda
ABSTRACT
This study encompassed a sample of 100 adolescents was selected to analyze the types of bullying and
resilience capacity. The type and design of the research were descriptive-correlational. To achieve the
stated objectives, the Cisneros Self-Test was used, which allowed the identification of various types of
bullying. Additionally, the Brief Resilience Scale (BRS) by Smith was employed to assess the
adolescents' resilience capacity. The results indicated a high percentage of bullying among eighth-
grade students, with psychological and physical bullying being the most common. Furthermore, the
presence of adequate levels of resilience in the face of conflict situations was evident.
Keywords: bullying, resilience, adolescents
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INTRODUCCIÓN
En la actualidad, la mala relación entre compañeras y compañeros en los establecimientos educativos
es un fenómeno preocupante que afecta a un gran número de estudiantes en todo el mundo. Sin
embargo, se enfatiza la relevancia de esta situación cuando se ejerce violencia emocional, psicológica
y/o física por un tiempo prolongado de parte de una persona o grupo de personas hacia uno o varios
individuos, vulnerando sus derechos y, provocando así, graves consecuencias en las víctimas (Giménez
y Rubio, 2007).
Violencia
Castillo (2014) define la violencia como una relación conflictiva entre las partes involucradas (pág. 415).
Además, se puede deducir que la violencia implica una falta de respeto hacia los derechos de los
demás, afectando el bienestar humano.
Hay varias formas de referirse al acoso escolar, como violencia escolar, maltrato entre iguales o
bullying. Armero et al. (2011) sostienen que el término bullying es estadounidense y se refiere a
"bully", es decir, matón o violencia entre iguales (p. 8).
De manera similar, Carrillo (2014) señala que, según estudios en países nórdicos, el término utilizado
para el acoso entre iguales es 'mobbing', que significa acoso en español.
Acoso escolar - Bullying
Ortega (2014) definen el bullying como "el insulto a una persona o grupo de personas, físicamente
agredida, socialmente excluida o aislada, acosada, amenazada o atemorizada por otros individuos que
impunemente ejercen estos comportamientos y actitudes sobre la víctima" (p. 15).
Según Armero et al. (2011), "para que haya acoso escolar, es necesario que los agresores actúen con
intencionalidad, realizando acciones deliberadamente hostiles" (p. 5). Estas acciones deben repetirse
durante un tiempo y causar malestar a una víctima que no puede sobrellevar la situación.
Serrano e Iborra (2005) afirman que "es un tipo de violencia que puede dirigirse tanto a estudiantes
como a profesores dentro de la institución educativa" (pág. 4). Estos comportamientos inadecuados
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suelen ocurrir en lugares poco visibles, como aulas, patios o baños, donde el agresor puede ocultar el
daño causado.
Finalmente, se puede definir el bullying como "la expresión de la violencia humana en la escuela"
(Martínez, 2014, p. 7). Esta definición se centra en la violencia en centros educativos, diferenciándose
de la violencia entre adultos.
Tipos de acoso
Iborra (2014) clasifica el acoso escolar o bullying en cuatro tipos según el daño causado a la víctima:
• Físico: acciones realizadas voluntariamente que pueden causar daños o heridas físicas, como
lanzar una piedra a un compañero (p. 4).
• Psicológico: acciones verbales o actitudes que provocan daños psicológicos o emocionales,
como poner apodos despectivos (p. 4). Este tipo de acoso también ocurre en redes sociales.
• Sexual: comportamientos que utilizan a una persona para obtener gratificación sexual, como
obligar a un estudiante a tener contacto sexual (p. 4).
• Económico: uso ilegal o no autorizado de recursos económicos o propiedades, como quitarle
dinero a un compañero en el recreo (p. 4).
Un estudio de Andrés, Carrasco y Oña (2015) muestra que, en Ecuador, el acoso psicológico o verbal
es el más frecuente en las instituciones educativas, seguido por el acoso físico (p. 72-73). Este acoso
incluye insultos, apodos ofensivos, difusión de secretos, rumores, amenazas y pérdida de material
académico.
En los eventos de acoso escolar, hay tres tipos de actores: el agresor, la víctima y los observadores,
también llamados mirones, que a menudo incentivan la violencia.
Según Bisquerra et al. (2014):
• El agresor: puede actuar solo o con el apoyo de un grupo. Existen dos tipos: predominante
dominante, que no es empático y es agresivo; y predominante ansioso, que tiene baja
autoestima y agresividad (p. 420).
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• La víctima: a menudo aislada, pierde amigos con el tiempo. Hay dos tipos: clásica (callada,
tímida, ansiosa) y provocativa (busca peleas y puede ser agresor-víctima) (p. 420).
• El grupo de iguales: a veces observa sin intervenir, pero a menudo se suma a las agresiones. El
grupo puede minimizar o amplificar la violencia a través de varios mecanismos como la
disolución de responsabilidades, el contagio social y los cambios cognitivos en la percepción
de la víctima (p. 420).
Efectos del acoso escolar
Ser víctima constante de acoso escolar puede causar diversos desajustes emocionales que afectan el
desarrollo normal del estudiante.
En este sentido, Bisquerra et al. (2014) identifican varios efectos:
• Estrés postraumático: trastorno que surge tras un evento traumático significativo para la
persona, que ha sido muy amenazante para su vida (p. 29). Este síntoma provoca pesadillas,
dificultades para dormir y la sensación constante de revivir el trauma angustioso.
• Psicosomatizaciones: el estudiante puede quejarse de dolores de cabeza o estómago por las
mañanas, indicando que no puede ir al colegio hasta que se recupere (p. 29). En el colegio,
puede expresar sus dolencias al docente y pedir que llamen a sus padres para ser retirado.
• Ansiedad y gran depresión: la ansiedad actúa como un sistema de alerta ante peligros
percibidos. Una niña que ha sido víctima de acoso por mucho tiempo puede intentar huir,
llorar inconsolablemente o esconderse al ver a su agresor (p. 429). La depresión provoca
pensamientos negativos, disminuye las relaciones sociales, aumenta la tristeza, y causa
sentimientos de culpa e inferioridad.
Sullivan, Cleary y Sullivan (2015) afirman que las investigaciones sobre acoso escolar demuestran su
carácter dañino y destructivo para el bienestar de los adolescentes, especialmente en la adolescencia
temprana (p. 194-200).
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Los efectos del acoso pueden incluir:
• Bajos niveles de autoestima: la víctima puede sentirse frustrada y culpable, creyendo que todo
lo malo que sucede es su culpa.
• Inseguridad: puede guardar celosamente sus pertenencias, temiendo perderlas, y desconfiar
de los demás.
• Hipersensibilidad, cautela y reserva: pueden llorar excesivamente si se les reprime, sentirse no
queridos y creer que hacen todo mal. Pueden ser discretos al hablar de su vida personal y
preferir mantenerse en silencio.
• Soledad: en el recreo buscan lugares solitarios para evitar molestias, tienen malas relaciones
con sus compañeros y prefieren regresar solos a casa.
• Miedo al rechazo social: después de meses de acoso, pueden creer que han sido ridiculizadas
y que nadie las respetará o querrá.
Características para identificar a un estudiante que está siendo acosado:
Detectar a una víctima de acoso escolar es difícil a menos que la persona lo manifieste y pida ayuda.
Según Sullivan et al. (2015) estas características pueden ser difíciles de detectar debido a la gran
población estudiantil en las instituciones. Por ello, la observación de los docentes es crucial (p. 195-
196).
Factores de riesgo
Dentro de la comunidad educativa, los estudiantes presentan diferentes características que puede
influir en la presencia o no de acoso.
Según Macintyre (2009), el perfil de los estudiantes vulnerables al acoso siempre incluye cierto grado
de timidez o baja capacidad de afrontamiento, lo que los hace presas fáciles de los agresores (p. 29).
Factores de riesgo para ser víctimas de bullying
Las víctimas de bullying suelen compartir ciertas características y factores de riesgo que las hacen más
vulnerables a sufrir acoso escolar. Entre las características personales, se encuentran la baja
autoestima, la inseguridad y la falta de habilidades sociales, lo que puede hacer que estos estudiantes
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sean percibidos como diferentes o débiles por sus compañeros. Factores como la apariencia física, la
orientación sexual, el rendimiento académico y la pertenencia a grupos minoritarios también pueden
aumentar el riesgo de ser blanco de bullying. Además, el entorno familiar juega un papel crucial; la
falta de apoyo en el hogar, la supervisión parental deficiente y los conflictos familiares pueden
exacerbar la vulnerabilidad de los estudiantes. Estos factores, combinados con un entorno escolar
donde las normas contra el bullying no están claramente establecidas o no se aplican de manera
efectiva, contribuyen significativamente a la probabilidad de que un estudiante se convierta en víctima
de acoso escolar.
Las características de los agresores, según Armero et al. (2011), incluyen:
• Líderes de grupos: definidos por su fuerza más que por su carisma, con bajas calificaciones y
que a menudo repiten años, siendo más altos y corpulentos.
• Estudiantes con TDAH: con criterios de Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad,
impulsivos y con dificultades para controlar sus actos.
• Según Olweus (1993), hay dos perfiles de agresores:
• Agresor activo: ataca directamente a la víctima.
• Agresor indirecto: incita a otros a realizar el acoso y supervisa desde lejos (p. 18).
Finalmente, es común que los acosadores provengan de hogares disfuncionales, donde no hay reglas
ni valores, y no se fomenta el respeto hacia los demás, incentivando comportamientos dañinos.
Criterios de diagnóstico
Para diagnosticar un caso de acoso escolar, Oñate e Iñaki (2005) presentan tres criterios que permiten
identificar si estamos ante una situación de acoso escolar:
• Conductas de hostigamiento intencional: Se debe identificar la existencia de una o más
conductas de hostigamiento reconocidas como tales. Por ejemplo, si en cada recreo le quitan
el dinero al estudiante, lo obligan a hacer la tarea de otros y lo ridiculizan frente a sus
compañeros.
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• Repetición de la conducta: La conducta debe ser evaluada por la víctima como algo constante
y no incidental. Esto ocurre cuando el estudiante se adapta a ese maltrato diario por parte de
sus compañeros.
• Duración en el tiempo: El proceso debe ser prolongado y profundo, causando un desorden
significativo en el bienestar del estudiante, afectando su vida académica, familiar, emocional
y afectiva.
García, Izarra, Lapponi, De la Iglesia y Abad (2006) afirman que en los centros educativos, uno de cada
cinco alumnos forma parte de una situación de acoso escolar, ya sea como víctima, acosador o ambos
(p. 12).
Por ello, es crucial el monitoreo constante de toda la comunidad educativa y el trabajo en equipo entre
padres, madres y personal administrativo de los establecimientos para detectar y combatir el acoso a
tiempo.
Resiliencia
Madariaga (2014) define la resiliencia como un proceso de construcción social, donde intervienen
aspectos personales y contextuales. Según el autor, la resiliencia se puede entender como un proceso
de construcción social, en donde actúan aspectos personales, pero también tiene mucha relevancia el
contexto concreto (p. 25).
Para fomentar la resiliencia, es fundamental considerar el ecosistema familiar, cultural y ambiental, ya
que todos ellos influyen en este proceso de adquisición. La resiliencia es una respuesta dinámica, no
estática, que permite construir nuevas interpretaciones del entorno y desarrollar una nueva
perspectiva ante las adversidades. No solo implica enfrentarse a la adversidad, sino también un
aprendizaje significativo sobre la vida y un crecimiento personal fortalecido.
Rodríguez, Morell y Fresneda (2017) señalan que la resiliencia es el ajuste que tiene un individuo entre
las demandas situacionales y las contingencias del ambiente utilizando su capacidad de resolver
problemas en función de las situaciones.
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Factores de Protección para Adolescentes
Como se mencionó anteriormente, el entorno influye significativamente en el desarrollo de una
adecuada resiliencia. Madariaga (2014) expone ciertas características que deben estar presentes en la
persona:
La resiliencia se fundamenta en un entramado socioafectivo que se sostiene sobre vínculos
emocionales positivos y sólidos, los cuales pueden derivar tanto del entorno familiar como de otros
contextos, teniendo en cuenta la importancia de los estándares de apego seguro. En caso de no existir
este complemento socioafectivo, la esperanza de construir dicho armazón posteriormente también
beneficia la formación de la resiliencia. Además, se requiere pertenencia al grupo social y formar una
personalidad social de grupo. Las expectativas que los demás tienen sobre uno mismo influyen
también, ya que siempre se encuentra a alguien que cree en la persona que está en un proceso
resiliente. Todo lo mencionado apunta a una buena vinculación, comunicación sana y honesta, lo que
proporciona bienestar psicológico y social. Estos elementos son la base de un buen proceso de
resiliencia, que está en constante evolución y permite retomar un nuevo desarrollo.
Peña (2009) añade que la resiliencia presenta diversos factores para su realización, entre ellos: Soporte
externo, buenas relaciones interpersonales y la posesión de nuestros pensamientos: Yo soy, Yo tengo,
Yo puedo.
Guajardo y Villalta (2008) identifican 12 factores de la resiliencia incluidos en los tres factores
mencionados antes, analizando detalladamente cada uno:
Factor YO SOY – YO ESTOY:
• Autonomía: Vínculo que permite a la persona conocer su aporte al entorno – Yo soy alguien
que los demás podrán respetar.
• Identidad: Hechos y acciones que forman a la persona de manera estable – Yo soy la persona
que los demás quieren.
• Satisfacción: Interpretación del problema – Yo soy una persona positiva para el resto.
• Pragmatismo: Acciones realizadas – Yo soy un sujeto muy práctico.
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Factor YO TENGO:
• Vínculos: Relaciones sociales primarias y la historia personal – Yo tengo buenas relaciones.
• Redes: Vínculo afectivo – Yo tengo siempre alguien quien me ayuda.
• Modelos: Redes de apoyo para resolver problemas – Yo tengo un hermano que me ayuda a
evitar peligros.
• Metas: Aspiraciones sobre problemáticas – Yo tengo claros objetivos.
Factor YO PUEDO:
• Afectividad: Hacia sí mismo y los demás – Yo puedo mantener un humor apropiado.
• Autoeficacia: Posibilidad en medio del problema – Yo puedo solucionar este problema.
• Aprendizaje: Ver el problema como un nuevo aprendizaje – Yo puedo ser paciente.
• Generatividad: Colaboración para resolver problemas – Yo puedo solucionar los problemas
con otras personas.
Estrategias para fortalecer la Resiliencia
Para ser resiliente, existen múltiples estrategias que se deben realizar personalmente. Según Peña
(2009), existen dos componentes que conforman la resiliencia:
• Capacidad de resistencia frente a la destrucción: Protección de la personalidad o identidad en
momentos de presión.
• Construcción positiva: Una mirada positiva pese a las circunstancias vividas.
Azanza y Molero (2014) describen estrategias para el desarrollo de la resiliencia:
• Estrategias centradas en el riesgo: Eliminar situaciones innecesarias que puedan provocar
riesgos, como actuar impulsivamente sin considerar las consecuencias.
• Estrategias centradas en los activos: Recoger la mayor cantidad de recursos para enfrentar la
adversidad. Buscar todas las posibles soluciones.
• Estrategias centradas en el proceso: Utilización adecuada de los recursos, basada en la
selección y organización de estos. Superar los obstáculos adecuadamente.
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Atributos o Dimensiones de Adolescentes Resilientes
Para describir al adolescente resiliente, Peña (2009) identifica varias dimensiones frecuentes:
• Competencia social: Participar en eventos sociales y actividades con otros adolescentes.
• Sentido del humor: Ver las cosas de manera positiva y aumentar la esperanza.
• Resolución de problemas: Aprender a resolver problemas pequeños para enfrentar problemas
mayores.
• Autoeficacia o autonomía: Sentir el control de su propia vida, tomando decisiones y siendo
autónomos.
• Propósito de la vida: Tener metas y objetivos claros, siendo responsables de sus acciones y
decisiones.
Las dimensiones mencionadas muestran a un adolescente resiliente con características específicas,
que pueden variar según el entorno y los desafíos que enfrenten. La resiliencia no es una habilidad
innata, sino que se desarrolla con la práctica y el apoyo adecuado.
METODOLOGÍA
El estudio empleó un enfoque descriptivo-explicativo y un diseño cuantitativo-correlacional, buscando
estudiar la influencia del acoso escolar en la resiliencia de los adolescentes y la relación entre estas
dos variables. Se hizo uso del método estadístico en el procesamiento y publicación de los resultados.
Por su parte, el método sintético fue empleado en la fundamentación teórica de cada variable,
permitió sintetizar las investigaciones de varios autores para formar una base teórica sólida. Por
último, el método analítico fue utilizado en el procesamiento de los resultados, permitió la
interpretación de datos y la respuesta a los objetivos planteados.
Instrumentos
• Autotest Cisneros de Acoso escolar: Desarrollado por Iñaki Piñuel y Araceli Oñate (2005), este
test mide el índice global de acoso escolar, la intensidad del acoso y los tipos de acoso escolar.
Consta de 50 preguntas con opciones de respuesta de nunca (1 punto), pocas veces (2 puntos)
y muchas veces (3 puntos).
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• Escala Breve de Resiliencia: Elaborada por Smith et al. (2008), esta escala mide la capacidad
de resiliencia de los estudiantes mediante seis preguntas con opciones de respuesta que varían
de muy en desacuerdo (1 punto) a muy de acuerdo (5 puntos).
Criterios de Inclusión
• Estudiantes de Octavo de Básica de la Unidad Educativa
• Estudiantes que estén disponibles y dispuestos a participar en las actividades requeridas por
el estudio, como entrevistas, cuestionarios, o pruebas.
• Estudiantes cuyos padres o representantes legales hayan dado su consentimiento informado
para que participen en el estudio.
Criterios de Exclusión
• Estudiantes que no estén cursando el octavo año de educación básica en la UE Vicente
Rocafuerte.
• Estudiantes cuyos padres o representantes legales no hayan dado su consentimiento
informado para participar en el estudio, si aplica.
• Estudiantes que, debido a condiciones médicas u otras circunstancias, no puedan participar en
el estudio.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
En esta discusión se abordan diversas temáticas del estudio sobre el acoso escolar y la resiliencia en
adolescentes, con el fin de cumplir los objetivos propuestos, los cuales se detallan a continuación:
índice global de acoso escolar: se aplicó el Autotest Cisneros, las dimensiones del instrumento miden
la frecuencia del acoso, clasificándola en nunca, pocas veces y muchas veces. Los resultados obtenidos
indican las siguientes cifras en relación con el índice global de acoso escolar: el 4% reporta un índice
bajo o muy bajo, el 20% casi bajo, el 15% un índice medio, el 34% casi alto, el 18% alto y el 9% muy
alto. Estos datos se corroboran con los hallazgos de Gómez, A. et al (2007), quienes destacan que la
violencia escolar es un problema creciente y que, aunque siempre ha existido, recientemente ha
recibido más atención y ha sido objeto de numerosos estudios. En general, el índice global de acoso
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escolar en los estudiantes de octavo año es del 61%, abarcando las categorías de casi alto, alto y muy
alto.
Manifestaciones de conductas agresivas o violentas dentro del establecimiento
Los resultados muestran que el 43% de los estudiantes ha experimentado acoso de coacción, es decir,
han sido obligados a realizar acciones involuntarias; el 47% ha sufrido restricciones de comunicación
(ignorados o excluidos); el 48% ha sido víctima de agresiones verbales o físicas; el 44% ha enfrentado
intimidación o amenazas; y el 40% ha sido excluido o bloqueado socialmente. Estos datos sugieren que
el acoso psicológico es el más común, seguido por el acoso físico. Estudios similares en el país, como
el de León et al. (2015), coinciden en que las formas más frecuentes de acoso son las verbales o
psicológicas, manifestándose en insultos, apodos ofensivos, revelaciones de información personal,
rumores, amenazas y exclusión. Las agresiones físicas incluyen peleas y golpes, causando daño físico.
Capacidad de resiliencia de los estudiantes ante situaciones conflictivas dentro de la institución, se
utilizó la Escala Breve de Resiliencia que consta de seis preguntas.
Los resultados muestran que el 55% de los estudiantes se recupera rápidamente de momentos
difíciles, el 51% no tiene problemas para superar situaciones estresantes, el 53% se recupera pronto
de estos eventos, el 54% no encuentra difícil recuperarse tras eventos negativos, el 56% pasa
momentos difíciles sin mayores complicaciones y el 61% supera rápidamente las situaciones adversas.
Estos datos indican que, a pesar de las situaciones conflictivas como el acoso escolar, los estudiantes
poseen buenas herramientas para enfrentar la frustración y los problemas. Estudios relacionados,
como el de Márquez et al. (2016), demuestran que la capacidad resiliente de los adolescentes
disminuye el impacto negativo del acoso escolar, promoviendo su bienestar emocional y su capacidad
de superación.
Por lo anteriormente mencionado, se concluye que la influencia del acoso escolar en la resiliencia de
los estudiantes ha sido negativa en este estudio. Sin embargo, es fundamental que la comunidad
educativa trabaje arduamente para fomentar un ambiente armonioso y respetuoso entre los
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compañeros de clase. Asimismo, es crucial seguir motivando a los estudiantes a enfocarse en sus
proyectos de vida y en la persistencia para lograrlos, pese a las adversidades.
CONCLUSIONES
Las formas de acoso escolar más frecuentes prevalentes en la población evaluada son las agresiones
físicas y verbales, que afectan al 48% de los estudiantes, y la intimidación o amenazas, que afectan al
44%. Estas manifestaciones pertenecen al ámbito del acoso psicológico, generando un significativo
malestar emocional en los adolescentes, además de los daños físicos derivados de las agresiones
directas.
Se ha identificado un alto índice de acoso escolar, o bullying, del 61% entre los estudiantes de octavo
año de educación general básica, cuyas edades oscilan entre los 11 y 15 años.
A pesar de estas situaciones adversas, la mayoría de los estudiantes demuestra una notable capacidad
de resiliencia. Un 61% de ellos expresa que no les lleva mucho tiempo superar complicaciones en su
vida, lo que indica que, a pesar de enfrentar acoso escolar dentro de su institución, poseen una robusta
capacidad para afrontar la adversidad y una firme perseverancia para alcanzar sus objetivos personales
y académicos.
Estos hallazgos subrayan la importancia de desarrollar e implementar estrategias efectivas dentro del
entorno educativo para abordar y mitigar el acoso escolar, así como para fortalecer la resiliencia entre
los estudiantes. Fomentar un ambiente escolar seguro y de apoyo es esencial para el bienestar
emocional y el desarrollo integral de los adolescentes.
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