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Revista Científica y Académica. Vol. 4, No. 2, Abril, Junio Año 2024
los individuos, reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural” (UNESCO, 2003).
De tal manera que según los parámetros establecidos por la UNESCO, expresiones culturales
tales como tradiciones orales, artes del espectáculo y técnicas artesanales, por mencionar solo
algunas, pueden ser concebidas junto a las fiestas y carnavales como elementos
patrimonializables de una comunidad. Por tanto, no es de extrañar que en la lista representativa
del patrimonio cultural inmaterial (LRPCI), se puedan encontrar incluidas festividades nacionales
como la del carnaval de Negros y Blancos de Pasto (Nariño), las fiestas de San Francisco de Asís
o San Pacho en Quibdó (Chocó), el carnaval de Barranquilla (Atlántico) y el Carnaval de Riosucio
(Caldas).
Así mismo, entre estas celebraciones y festividades carnavalescas, varias cuentan con el
elemento del diablo como uno de sus pintorescos y más reconocibles personajes, así como nos
menciona Cárdenas; “en Colombia, el Carnaval de Riosucio, los Diablos Arlequines de
Barranquilla y los Diablos Danzantes de Valledupar y Atánquez, conforman la cuota nacional de
fiestas que incorporan en sus festejos la figura del diablo festivo y poderoso” (Cárdenas, 2015)
La figura jocosa y burlesca del diablo ha sido representada, aceptada y admirada en diferentes
regiones del país y en festividades de enorme variedad, a tal punto que hace presencia en
lugares tales como “en la Antioquia minera, en el Tolima de los Pijaos, en Boyacá, Santander y
en su forma más antigua en varios lugares del litoral del Pacífico…” (Navas, s.f.). En el caso
particular de Boyacá, la situación no es muy diferente, pues así como en Corrales, son varios
municipios tales como Nobsa, Belén, Paz del Río, Floresta, Combita, Gámeza, Mongua,
Sogamoso, Tunja, entre otros, en los que hacen presencia los diablos, generalmente en los días
comprendidos entre el 16 al 24 de Diciembre, en lo que es conocido como el aguinaldo navideño.
Su figura sirve como representación de lo subversivo y desobediente, de lo alegre y juguetón,
“el diablo festivo, también ha sido adoptado y moldeado por diferentes culturas y su uso puede
ir desde la trasgresión del orden de los estético y lo político, hasta la unión y reivindicación en
movimientos sociales” (Cárdenas, 2015), promoviendo el común acuerdo de la comunidad, en