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Revista Científica y Académica. Vol. 4, No. 2, Abril, Junio Año 2024
y efectiva en el idioma meta, lo que a su vez es inherente a la habilidad redactora con la que el
traductor ya cuente como antecedente, esto es, la redacción en su propia lengua.
En palabras de Rodríguez (2016a): "La actividad traductora profesional se basa en un gran
dominio de la lengua origen y de la lengua meta" (p. 234). En este sentido, cuando se trata de
traducción directa, ya que es la más usual según Ortiz y Figueroa-Saavedra (2014), entonces se
considera como lengua meta el idioma nativo del traductor. Por ende, si un traductor solamente
posee dominio de la lengua extranjera, pero sus habilidades en la lengua materna son
deficientes, existirán dificultades para lograr un traslado efectivo del mensaje original.
Según Chaves (2004), algunos de los aspectos primordiales que un traductor debe dominar en
su lengua materna son: el uso correcto de la sintaxis y la puntuación, la asimilación del lenguaje
figurado y de metáforas, el reconocimiento de los géneros discursivos, registros y formatos de
los distintos textos con los que trabaje. Es decir, el futuro traductor debe poseer una
competencia lingüística superior a la que se desarrolla durante una educación básica.
Inclusive, si se toma en cuenta que, según Vargas-Sierra et al. (2022), el sector actual de la
traducción exige una inmediatez en la disponibilidad de las traducciones, por lo que se requiere
la incorporación de tecnologías que sean herramientas de apoyo como los traductores
automáticos, se debe también considerar que para hacer un uso adecuado de estos es necesario
la competencia lingüística en la lengua materna.
Por ejemplo, Fredholm (2022) comenta que los estudiantes de traducción hacen uso de los
traductores automáticos no solo para traducir completamente un texto, sino también para
verificar sus traducciones manuales mediante la traducción inversa. Esto permite suponer que
los alumnos requieren verificar la coherencia entre ambos textos a través de un sistema
automático que les brinde la seguridad de que han expresado adecuadamente el mensaje global
o, por el contrario, que les muestre los fallos gramaticales o semánticos que hayan podido
cometer. En este sentido, se puede plantear que el proceso de reconocimiento de errores
requiere de conocimientos amplios sobre los idiomas involucrados, dado que no se puede re-