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Revista Científica y Académica. Vol. 4, No. 2, Abril, Junio Año 2024
Si bien, las nociones de cultura, anteriormente presentadas, constituyen un valor importante en
la consolidación de sociedades más humanas, igualitarias y fraternas, también es cierto que las
prácticas culturales y, de la misma forma, las educativas, se dan en espacios de desigualdad,
inequidad y opresión.
Según lo anterior, la cultura puede enfrentarse a dos condiciones: en primer lugar, trasmitir su
capital a los individuos –obedientes y pasivos-, en torno de verdades, hechos, valores y
creencias, al arbitrio de las lógicas de dominación de las instituciones (jurídicas, estatales,
educativas o religiosas, entre otras posibilidades) sin la oportunidad crítica de cuestionar; o, en
segundo lugar, situarse en circunstancias de carácter problemático, en las que la interacción
social ofrezca como oportunidad la resolución de tales situaciones, de modo que se allane
dialógicamente un camino de transformación cultural.
Horizonte Conceptual Culturalista de la Cultura
La plataforma conceptual culturalista se basó, principalmente, en suministrar un nuevo marco
de comprensión de la cultura. Más allá del enciclopedismo o del asombro proveniente de las
bellas artes, más allá de sus simples rasgos económicos (capitalistas, socialistas, autárquicos,
entre otros), el movimiento culturalista quebrantó el presupuesto reduccionista de la cultura
que la observaba como una abstracción del arte y los valores de nobleza, la burguesía y las élites
en general.
Estableció un desafío que incluía las creencias, las maneras de relacionarse, los lenguajes, la
escolarización, en otras palabras, la experiencia humana de los individuos. La cultura fue
configurada como un estudio que tiene en cuenta las relaciones entre elementos en toda una
forma de vida (Williams, 1965). Asimismo, el culturalismo entendió al individuo dentro de un
contexto en plena interacción social, bajo una relación conflictual determinada para realizar
transformaciones históricas de la sociedad (Thompson, 1966).
En relación con el culturalismo, una de sus aportaciones más relevante fue penetrar las bases
del marxismo en lo concerniente al ámbito cultural. Por un lado, los culturalistas evidenciaron