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Revista Científica y Académica. Vol. 4, No. 2, Abril, Junio Año 2024
subjetividades que se presentan en la amistad de los jóvenes o en la experiencia de las personas
mayores. Sin duda, esto está presente en los testimonios recogidos, aunque Weber (1978), solo
tenga en cuenta el carisma de orden hierático y el carisma de carácter político. También está el
carisma en las alternativas que brinda la tecnología, para socializar los credos en el municipio,
lo que implica una búsqueda incesante por recuperar cierto espacio, perdido por estos, para
integrar, sobre todo a los más jóvenes en una determinada confesión religiosa. Esta nueva
interpretación de la profecía, lejos de refutarla, refuerza más aún la noción weberiana del poder
innovador del carisma (Berger, 1974).
Otra de las formas del carisma es el liderazgo del pastor y del sacerdote. Se trata de una cualidad
extraordinaria, de una personalidad, por cuya virtud se la considera en posesión de fuerzas
sobrenaturales o extracotidianas y no asequibles a cualquier otro (Weber, 1978). En ese sentido
el eje del carisma representa una connotación de superioridad y, por tanto, la disimilitud con los
otros. El carisma es legítimo al margen de que sus dones extraordinarios sean reales o atribuidos;
por lo tanto, el dominio personal de los líderes sobre sus seguidores puede hacer referencia al
logro de unos intereses (Santamaría, 2013). Por eso, en esa mediación están los intereses
particulares de quien ostenta el carisma para demostrar sus valores en el creyente y, también,
está la dominación aceptada y respetada por los individuos que hacen parte del credo. En ese
juego de dominación, es importante pensar que aquel que esté en posesión del carisma se
considera enviado del dios, por lo tanto, jefe, caudillo, guía o líder (Weber, 1978).
Esto deriva en la forma más típica de dominación hallada en los resultados: el carisma hierático
hace referencia al carisma sacerdotal, por el cual se logra la dominación política (Santamaría,
2013). Esto incide hondamente en las costumbres y en las acciones de los actores; por ejemplo,
es notorio el hecho de diferentes fórmulas de tratamiento para dirigirse a Dios, a Jesucristo y a
la Virgen. Estas fórmulas provienen del poder carismático de carácter hierático; también está la
asistencia regular de los participantes a diferentes eventos como las eucaristías, los cultos y las
reuniones de otros credos, que son promovidas por el guía, sacerdote o pastor.