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Revista Científica y Académica ISSN en línea: 3005-2599. Vol. 3, No. 2, Año 2023
Impacto de la Actividad Física en la Prevención
y Tratamiento de la Obesidad: Una Revisión
Sistemática
Impact of Physical Activity on the Prevention and
Treatment of Obesity: A Systematic Review
Juan Francisco Aguirre Chávez
Universidad Autónoma de Chihuahua, México
Leticia Irene Franco Gallegos
Universidad Autónoma de Chihuahua, México
Guadalupe Simanga Ivett Robles Hernández
Universidad Autónoma de Chihuahua, México
Karla Juanita Montes Mata
Universidad Autónoma de Chihuahua, México
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Revista Científica y Académica. Vol. 4, No. 2, Abril, Junio Año 2024
DOI: https://doi.org/10.61384/r.c.a..v4i2.199
Impacto de la Actividad Física en la Prevención y Tratamiento
de la Obesidad: Una Revisión Sistemática
Dr. Juan Francisco Aguirre Chávez
jaguirre@uach.mx
https://orcid.org/0000-0003-0767-1176
Universidad Autónoma de Chihuahua,
México
Dra. Leticia Irene Franco Gallegos
lfranco@uach.mx
https://orcid.org/0000-0001-7321-5932
Universidad Autónoma de Chihuahua,
México
Dra. Guadalupe Simanga Ivett Robles
Hernández
grobles@uach.mx
https://orcid.org/0000-0002-5332-7432
Universidad Autónoma de
Chihuahua,México
Dra. Karla Juanita Montes Mata
kmontes@uach.mx
https://orcid.org/0000-0002-5428-2336
Universidad Autónoma de Chihuahua,
México
RESUMEN
La obesidad representa una creciente preocupación de índole global en el ámbito de la salud
pública, con consecuencias significativas para el bienestar y la salud de la población. Se reconoce
ampliamente que la actividad física desempeña un papel fundamental en tanto la prevención
como el tratamiento de este trastorno. En este estudio de revisión sistemática, se analiza la
literatura existente que examina el impacto de la actividad física en la prevención y manejo de
la obesidad, destacando los hallazgos más relevantes y proporcionando recomendaciones para
la práctica clínica y futuras investigaciones. Se examinaron documentos publicados entre 2017
y 2023 en las bases de datos de Google Scholar, Sciencedirect, Scielo y Pubmed, utilizando las
directrices de la guía PRISMA. Se identificaron inicialmente 720 artículos, de los cuales se
excluyeron 630 tras la revisión de los resúmenes y se procedió a la lectura de texto completo de
los 90 restantes. Finalmente, solo 32 artículos cumplieron con los criterios de inclusión
establecidos. Los resultados evidencian una relación inversa entre la actividad física y el riesgo
de obesidad, así como beneficios notables en términos de reducción del peso corporal y grasa.
Estos resultados subrayan la importancia de fomentar la actividad física como parte integral de
las estrategias destinadas a hacer frente a la epidemia de obesidad.
Palabras clave: actividad física, obesidad, sobrepeso, Sedentarismo, calidad de vida
Recibido: 07-abril-2024 / Aprobado: 10-mayo-2024
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Impact of Physical Activity on the Prevention and Treatment of
Obesity: A Systematic Review
ABSTRACT
Obesity represents a growing global concern in the field of public health, with significant
consequences for the well-being and health of the population. It is widely recognized that
physical activity plays a fundamental role in both the prevention and treatment of this disorder.
In this systematic review study, the existing literature examining the impact of physical activity
on the prevention and management of obesity is analyzed, highlighting the most relevant
findings and providing recommendations for clinical practice and future research. Documents
published between 2016 and 2022 in the Google Scholar, Sciencedirect, Scielo and Pubmed
databases were examined, using the PRISMA guide guidelines. 720 articles were initially
identified, of which 630 were excluded after reviewing the summaries and the full text of the
remaining 90 was read. Finally, only 32 articles met the established inclusion criteria. The results
show an inverse relationship between physical activity and the risk of obesity, as well as notable
benefits in terms of reduction in body weight and fat. These results underscore the importance
of promoting physical activity as an integral part of strategies to address the obesity epidemic.
Keywords: physical activity, obesity, overweight, sedentarism, quality of life
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INTRODUCCIÓN
Actividad Física
Entre las estrategias más prometedoras para abordar la epidemia de obesidad se encuentra la
promoción de la actividad física regular. La actividad física no solo contribuye a la quema de
calorías y al mantenimiento de un peso corporal saludable, sino que también juega un papel
crucial en la mejora de la salud metabólica, la reducción de la inflamación y la promoción de la
pérdida de peso sostenible. Sin embargo, a pesar del reconocimiento de su importancia, la
magnitud exacta de los beneficios de la actividad física en la prevención y tratamiento de la
obesidad aún no está completamente comprendida (González & Vega-Díaz, 2024).
La práctica regular de actividad física conlleva una serie de beneficios para el organismo en
diversos niveles: reduce el riesgo de cáncer de mama en un 50%, de cáncer de colon en un 60%,
de enfermedad de Alzheimer en un 40%, de accidente cerebrovascular en un 27%, de desarrollar
diabetes tipo 2 en un 58%, y de padecer enfermedades cardiacas e hipertensión arterial en hasta
un 40%, entre otros (Ku-González, et al., 2020).
Se ha observado que un bajo nivel de actividad física o la inactividad implican un riesgo de
mortalidad mayor que tener un sobrepeso moderado; de hecho, se ha encontrado que el riesgo
es menor en individuos con mayor sobrepeso o con obesidad moderada (también conocidos
como obesos metabólicamente sanos) que en aquellos inactivos con sobrepeso moderado. Por
lo tanto, el tiempo dedicado semanalmente a la actividad física emerge como el mejor indicador
de la salud y la longevidad de un individuo, ya que la inactividad representa un factor de riesgo
con una influencia mayor que la hipertensión arterial leve o moderada (López- Benavente, et al.,
2018).
Muñoz, et al., (2024) comenta que un beneficio más es en la mejora en el perfil lipídico,
caracterizada por un aumento en los niveles de colesterol de alta densidad (HDL) y una
disminución en los triglicéridos. Aunque algunos estudios han reportado una reducción en los
niveles de colesterol de baja densidad (LDL), este efecto no se ha observado consistentemente
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en todos los estudios. Es importante destacar que estos cambios en el perfil lipídico se presentan
en todas las personas que siguen un programa de actividad física o que aumentan su nivel de
actividad, independientemente de si experimentan cambios en su peso corporal.
La actividad física contribuye a mejorar la salud cardiovascular al aumentar la eficacia en el
consumo de oxígeno, reducir la frecuencia cardíaca en estado de reposo y mejorar la respuesta
ante el ejercicio de intensidad moderada. Como resultado, se mejora la capacidad para
enfrentar el estrés asociado con el ejercicio físico (Aguirre-Chávez, et al., 2023).
Blanco-Ornelas, et al., (2023) comenta en su estudio que la práctica de actividad física beneficia
el bienestar psicológico de las personas. Existe una abundante evidencia, respaldada por
diversos estudios psicométricos, que indica que aquellos individuos que participan en mayores
niveles de actividad física presentan una respuesta más positiva, tanto a nivel psicosocial como
fisiológico, frente al estrés. Además, muestran una mayor autoestima, una imagen corporal más
positiva y una mejor aceptación de sí mismos, así como una mayor integración social y
perspectivas optimistas. Además de estos beneficios, la actividad física contribuye a gestionar la
ansiedad, la irritabilidad, la fatiga y los estados de ánimo decaídos asociados con las dietas
restrictivas.
La actividad física ha sido relacionada con una adopción de hábitos alimentarios más saludables
y proporciona una sensación de mayor control personal. Aún no se ha determinado si las
personas adoptan estos hábitos alimentarios debido a influencias externas o si ocurren cambios
fisiológicos que afectan el comportamiento alimentario. Es probable que ambas circunstancias
estén involucradas (Rodríguez, et al., 2018).
En su investigación, Franco-Gallegos, et al., (2024) señalan que la diabetes mellitus tipo 2 es una
condición compleja que afecta el bienestar general de quienes la padecen. Este estudio revisa
los efectos positivos de la actividad física en el manejo y tratamiento de la diabetes mellitus tipo
2, así como sus implicaciones en la fisiología y metabolismo, resaltando su papel crucial como
factor modulador en la causa y tratamiento de la enfermedad. Además, se resaltan los beneficios
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psicológicos y emocionales de la actividad física, los cuales son importantes para una atención
integral que se enfoque en la persona en su totalidad y no únicamente en la enfermedad.
Obesidad
Según datos proporcionados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente
una de cada cuatro personas adultas no logra cumplir con los niveles de actividad física (AF)
recomendados. Además, la OMS señala que la inactividad física figura como uno de los factores
de riesgo primordiales de mortalidad debido a enfermedades no transmisibles, incluyendo el
sobrepeso y la obesidad (OMS, 2020)
La obesidad representa un desafío creciente para la salud pública a nivel mundial, con
implicaciones significativas para la calidad de vida y el bienestar de las personas. La obesidad se
caracteriza por tener un índice de masa corporal (IMC) igual o superior a 30. Aquellas personas
cuyo IMC se sitúa entre 25 y 30 se consideran con sobrepeso, mientras que un IMC de 40 o más
indica obesidad mórbida (Bauce, 2022).
La presencia de obesidad se relaciona con un aumento significativo en el riesgo de padecer
cáncer, accidente cerebrovascular, enfermedades metabólicas, insuficiencia cardíaca y otros
trastornos cardiovasculares, lo que resalta la importancia de reducir tanto la incidencia como la
prevalencia de la obesidad (Stern, et al., 2020).
La acumulación excesiva de grasa en los tejidos adiposos también se ha vinculado con la
presencia de una inflamación crónica de bajo grado, lo cual contribuye a la disfunción del
sistema inmunológico y a efectos adversos cardio metabólicos (Lora Omar, et al., 2021). Por
consiguiente, la reducción de la obesidad se convierte en un objetivo crucial en salud pública.
En la última década, la prevalencia mundial de la obesidad ha alcanzado niveles alarmantes, lo
que subraya la necesidad apremiante de implementar intervenciones efectivas tanto para su
prevención como para su tratamiento (Federación Mundial de la Obesidad, 2023).
No obstante, es crucial resaltar que abordar la obesidad implica un proceso multifacético que
requiere modificaciones en el estilo de vida, hábitos alimenticios y, en muchas ocasiones, la
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utilización de terapias médicas. Además, la selección de la modalidad, intensidad y duración del
ejercicio debe ser llevada a cabo en colaboración con un profesional capacitado, considerando
la condición física y el estado de salud individual de cada persona (Nieto-Ortiz, et al., 2021).
Sobrepeso
Las razones detrás del sobrepeso incluyen la fácil accesibilidad a los alimentos, modificaciones
en los patrones de alimentación, así como la creciente importancia del sedentarismo y aspectos
psicológicos y sociales. Investigaciones diversas indican que los principales determinantes están
vinculados con alteraciones en el entorno y en los estilos de vida, tales como la disminución de
la actividad física, el sedentarismo, los modos de transporte y el aumento de la urbanización.
Estos cambios han ido teniendo lugar en las últimas décadas (Huaman-Carhuas & Bolaños-
Sotomayor, 2020).
Presentar un exceso de peso corporal constituye un factor de riesgo significativo y está asociado
con una amplia gama de enfermedades, incluyendo problemas cardiovasculares, diabetes,
trastornos osteomusculares y varios tipos de cáncer, siendo este último el más preocupante
debido a su complejidad. Según datos estadísticos de los Estados Unidos, la prevalencia de
sobrepeso (índice de masa corporal entre 25 y 30 kg/m^2) es aproximadamente del 39% en
hombres y del 27% en mujeres, mientras que la obesidad (índice de masa corporal igual o
superior a 30 kg/m^2) afecta al 38% de los hombres y al 40% de las mujeres (Jakicic, et al., 2019).
Estas cifras reflejan un alto porcentaje que probablemente sea similar en otras partes del
mundo, como Latinoamérica, donde los hábitos saludables, como la práctica regular de actividad
física para prevenir y controlar el peso corporal, pueden ser muy limitados.
Simultáneamente, se está prestando una mayor atención a la conexión entre la actividad física
y la reducción de peso, aunque no exclusivamente por su capacidad para quemar calorías. Esto
se debe a que la actividad física ejerce influencia en diversos aspectos psicológicos asociados
con el sobrepeso, los cuales pueden ser tanto el origen como el resultado de la obesidad (Martín-
Moraleda, 2019).
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Sedentarismo
Se define como pasar largos períodos de tiempo sentado o con muy poca actividad física. El
sedentarismo puede ser tanto el resultado de actividades como mirar televisión, usar la
computadora o el teléfono, como también de un estilo de vida que involucra poco movimiento
en general. El sedentarismo se ha asociado con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades
crónicas como enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, obesidad, depresión y ansiedad,
entre otras
La falta de actividad física y el sedentarismo son fenómenos ampliamente extendidos a nivel
global y se encuentran relacionados con una amplia variedad de enfermedades crónicas y un
aumento en la mortalidad prematura. La atención hacia el comportamiento sedentario está
justificada debido a la creciente evidencia que indica una conexión entre este comportamiento
y un mayor riesgo de desarrollar obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares. A lo largo
de la historia se ha comprendido que la falta de actividad no es saludable, sin embargo, en la
actualidad, casi un tercio de la población mundial se mantiene inactiva, lo que representa un
grave problema de salud pública (Arocha, 2019).
Según un estudio realizado por Amagua (2023), el sedentarismo se define como un modo de
vida que carece de actividad física y se reconoce como el principal factor de riesgo para
enfermedades crónicas no transmisibles. Este patrón afecta a todas las edades, si bien su
impacto es especialmente notorio durante la etapa de la adolescencia. El objetivo principal de
esta investigación fue llevar a cabo una revisión sistemática que explore la información teórica
relacionada con los factores que influyen en el sedentarismo y los beneficios de la actividad física
en los adolescentes.
Calidad de vida
La constante búsqueda de salud y bienestar por parte de los individuos debe centrarse en
mejorar su calidad de vida. En este sentido, las actividades físicas recreativas se presentan como
una opción fundamental. A través de estas actividades sugeridas, las personas pueden mejorar
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su estado físico y ganar mayor confianza en sus actividades diarias. Esto conlleva a la reducción
del peso corporal y al mejoramiento de la condición física. En última instancia, estas actividades
recreativas logran involucrar a diversos grupos poblacionales, permitiéndoles desempeñar un
papel activo en la promoción de una calidad de vida óptima. (Alomoto, et al., 2018).
La actividad física tiene un impacto significativo en la calidad de vida de las personas, a
continuación, se mencionan algunos puntos clave de esta.
Bienestar físico: La actividad física regular ayuda a mejorar la salud cardiovascular, fortalecer los
músculos y los huesos, y controlar el peso corporal. Además, puede reducir el riesgo de
desarrollar enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2, enfermedades cardíacas y algunos
tipos de cáncer, lo que contribuye a un mejor bienestar físico en general (Stern, et al., 2020).
Bienestar emocional: La actividad física puede tener efectos beneficiosos en la salud mental,
ayudando a reducir el estrés, la ansiedad y la depresión. Se ha demostrado que el ejercicio físico
libera endorfinas, neurotransmisores que pueden mejorar el estado de ánimo y promover
sentimientos de bienestar y felicidad (Blanco, et al., 2022).
Interacciones sociales: Participar en actividades físicas como deportes de equipo, clases de
fitness o grupos de caminata puede fomentar la interacción social y el establecimiento de
relaciones sociales positivas, lo que contribuye a una mejor calidad de vida social y emocional
(Lizandra & Peiró-Velert, 2020).
Autoestima y autoimagen: El ejercicio físico regular puede mejorar la autoestima y la
percepción de la imagen corporal, especialmente cuando se traduce en mejoras en la forma
física y la apariencia. Esto puede contribuir a una mayor confianza en uno mismo y una mayor
satisfacción con la vida en general (Gastelum, et al., 2019).
En resumen, la actividad física está estrechamente relacionada con múltiples aspectos de la
calidad de vida, incluyendo la salud física, emocional, social y funcional. Por lo tanto, fomentar
y promover la actividad física regular es fundamental para mejorar la calidad de vida de las
personas en general.
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Objetivo de la investigación
Por último, la revisión sistemática de esta investigación tiene como objetivo examinar
críticamente la literatura existente sobre el impacto de la actividad física en la prevención y
tratamiento de la obesidad. Se analizarán los estudios disponibles que investigan los efectos de
la actividad física sobre el peso corporal, la composición corporal y los marcadores de salud
metabólica en individuos con sobrepeso u obesidad. Además, se discutirán las limitaciones de la
literatura actual y se identificarán áreas para futuras investigaciones. Los hallazgos de esta
revisión proporcionarán información valiosa para la práctica clínica y para el desarrollo de
intervenciones más efectivas destinadas a abordar la epidemia de obesidad.
METODOLOGÍA
La revisión sistemática de la literatura científica se centró en documentos de investigación
científica que abordan la descripción del efecto de la actividad física en la prevención,
tratamiento y repercusión en la obesidad, así como en la calidad de vida.
Se realizó una exhaustiva búsqueda en diversas bases de datos académicas y electrónicas, que
incluyeron PubMed, Scielo, Medline y Google Scholar, así como en revistas científicas
especializadas. Se utilizaron palabras clave específicas para la búsqueda en las bases de datos,
tales como actividad física, obesidad, sobrepeso, sedentarismo y calidad de vida.
Se evaluaron para su incorporación aquellos estudios que examinaron los efectos de la actividad
física en el peso corporal, la composición corporal y los indicadores de salud metabólica en
personas con sobrepeso u obesidad. La búsqueda se limitó a artículos en español e inglés, y se
incluyeron aquellos publicados en los últimos siete años (después de 2017). Se excluyeron todos
aquellos estudios que no respondieron a el objetivo de investigación.
RESULTADOS
Se revisaron documentos publicados entre 2017 y 2023 en bases de datos como Google Scholar,
Sciencedirect, Scielo y PubMed, siguiendo las directrices establecidas por la guía PRISMA. Con la
estrategia de búsqueda mencionada, se identificaron inicialmente 720 registros en la literatura,
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que incluían artículos originales, revisiones, comunicaciones personales, cartas al editor,
correcciones, entre otros. Tras un proceso de eliminación de duplicados, se descartaron 630
documentos, dejando un total de 90 trabajos. La identificación de estos se llevó a cabo de
manera automatizada con la ayuda del gestor bibliográfico Mendeley.
Después de una revisión detallada del contenido de los 90 artículos originales seleccionados, se
determinó su relevancia para esta revisión sistemática. Como resultado de este proceso, se
incluyeron únicamente 32 artículos, ya que los 58 restantes no cumplían con los criterios de
inclusión o mostraban alguna de las características de exclusión o eliminación previamente
establecidas. Una síntesis de la estrategia de búsqueda se presenta en la Figura 1.
Figura 1: Diagrama de flujo de la estrategia de búsqueda sobre el impacto entre la actividad
física y el tratamiento de la obesidad (Aguirre-Chávez, et al., 2023)
La actividad física y su influencia en el control de la obesidad
El propósito de abordar la obesidad implica alcanzar un equilibrio calórico sostenible a lo largo
de toda la vida. Esto se logra mediante recomendaciones como incrementar el consumo de
frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y frutos secos, disminuir la ingesta total de
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grasas y optar por las insaturadas en lugar de las saturadas, reducir la cantidad de azúcares
consumidos y mantener una actividad física constante, con al menos 60 minutos diarios de
ejercicio de intensidad moderada o vigorosa, adaptada a la etapa de desarrollo y diversificada
en actividades (Mozaffarian, 2016). En cuanto a la mejora de la composición corporal, la
actividad física, especialmente el entrenamiento de fuerza puede aumentar la masa muscular y
reducir la grasa corporal, lo que conlleva a una mejor composición corporal y a una mejora
general de la salud.
El aumento en la prevalencia de la obesidad conlleva un aumento en las complicaciones a largo
plazo, las cuales pueden afectar negativamente la calidad de vida y la salud (Olson, et al., 2019;
Staff, 2019). Por otro lado, se ha asociado la obesidad con un mayor riesgo de desarrollar
enfermedades crónicas como enfermedad cardiovascular, diabetes mellitus y síndrome
metabólico. Además, se considera un factor de riesgo para varios tipos de cáncer, como el
esofágico, renal, pancreático, adenocarcinoma hepatocelular, carcinoma gástrico,
meningiomas, mieloma múltiple, cáncer colorrectal, cáncer de ovario, cáncer de vejiga y cáncer
de tiroides (Avgerinos, et al., 2019). También se ha observado un mayor riesgo de deterioro
mental, que incluye deterioro cognitivo, depresión y demencia, lo que afecta la calidad de vida
(Buie, et al., 2019).
En el año 2019, a nivel nacional se registró una tasa de obesidad del 36.1% entre la población
mexicana, siendo más común en adultos mayores de 40 y 50 años, así como en mujeres
(Barquera & Rivera, 2020; Basto-Abreu et al., 2020).
En resumen, la actividad física juega un papel fundamental en la prevención y el tratamiento de
la obesidad al ayudar a crear un balance energético negativo, mejorar la salud metabólica y con
las enfermedades relacionadas con la obesidad reducir su riesgo. Es importante incorporar tanto
ejercicio aeróbico como entrenamiento de fuerza en un programa de actividad física para
obtener los máximos beneficios para la salud.
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Actividad física y su impacto en las personas con sobrepeso
Los hallazgos revelaron una conexión significativa entre la práctica de actividad física y la
disminución del peso corporal, así como mejoras en la composición corporal, como la reducción
de la grasa visceral y el incremento de la masa muscular magra. Además, se observaron
beneficios en indicadores de salud metabólica, tales como la sensibilidad a la insulina y los
niveles de lípidos en la sangre.
Para mantener el peso bajo control, puede ser necesario aumentar la actividad física. Para frenar
la epidemia de obesidad, se requiere un compromiso político constante y la colaboración de
diversas partes interesadas, tanto del ámbito público como del privado. Los gobiernos, las
organizaciones internacionales, la sociedad civil, las ONG y el sector privado desempeñan un
papel crucial en la creación de entornos saludables y en garantizar la accesibilidad y
asequibilidad de opciones dietéticas más saludables para niños y adolescentes. Por lo tanto, la
OMS tiene como objetivo movilizar a estos actores e involucrarlos en la implementación de la
Estrategia Global sobre Dieta, Actividad Física, Calidad de Vida y Salud (Organización Mundial de
la Salud, 2020).
El sobrepeso y la obesidad se caracterizan por la acumulación excesiva de tejido adiposo en el
cuerpo (Haywood & Sumithran, 2019). Según la definición de la Organización Mundial de la
Salud (OMS), el sobrepeso se identifica con un índice de masa corporal (IMC) igual o superior a
25 kg/m², mientras que la obesidad se define con un IMC superior a 30 kg/m² (Caballero, 2019).
En México, la Norma Oficial Mexicana NOM-008-SSA3-2017 para el tratamiento integral del
sobrepeso y la obesidad en adultos clasifica la obesidad según su gravedad: la obesidad grado I
abarca a los pacientes con un IMC de 30-34.9 kg/m², grado II comprende a aquellos con un IMC
de 35-39.9 kg/m², y grado III u obesidad mórbida incluye a los pacientes con un IMC igual o
superior a 40 kg/m² (Barquera, et al., 2020; Katta, et al., 2021; Pérez-Campos, et al., 2020).
Además, en México se ha observado un aumento en el número de personas con sobrepeso.
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En resumen, la actividad física desempeña un papel fundamental en la prevención y manejo del
sobrepeso. Combinada con una alimentación balanceada, puede contribuir a alcanzar y
mantener un peso saludable, así como mejorar la salud general y el bienestar. Con la actividad
física se producen varios cambios en el organismo como la quema de calorías: El ejercicio físico
incrementa el gasto energético del cuerpo, lo que facilita la quema de calorías. Cuando se
queman más calorías de las que se consumen a través de la dieta, se crea un déficit calórico que
puede llevar a la pérdida de peso, incluida la reducción del sobrepeso. El aumento del
metabolismo: La actividad física regular puede elevar el metabolismo basal del cuerpo, lo que
implica que se queman más calorías incluso en estado de reposo. Esto puede resultar
especialmente beneficioso para las personas con sobrepeso, ya que pueden tener un
metabolismo más lento debido al exceso de peso. El control del apetito: El ejercicio regular
puede contribuir a regular el apetito y los antojos, lo que resulta útil para controlar la ingesta de
alimentos y disminuir la posibilidad de excesos que contribuyan al sobrepeso. Concluyendo la
actividad física representa un impacto significativo en la gestión y cuidados por el sobrepeso.
Actividad física y su impacto al sedentarismo en las personas
El incremento del sedentarismo en la sociedad preocupa a las entidades responsables de la salud
pública. A pesar de los diversos programas implementados para promover la actividad física de
manera regular entre la población, estos esfuerzos no han sido adecuados.
Basándose en la teoría social cognitiva delineada por Palou, Vidal, Ponseti, Cantallops y Borrás
(2012), la cual postula que la conducta sedentaria está determinada por factores como creencias
personales, características físicas y otras conductas asociadas (como la frecuencia o la
participación regular en actividades físicas), se propone la instauración de programas de salud y
seguridad laboral. Estos programas deberían incluir la realización de actividad física como parte
de las medidas preventivas para contrarrestar la conducta sedentaria.
De acuerdo con las Directrices de la OMS (2020) sobre actividad física y hábitos sedentarios,
para adultos de entre 18 y 64 años, se recomienda lo siguiente: Todos los adultos deben
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participar regularmente en actividades físicas. Se sugiere que los adultos acumulen durante la
semana un mínimo de 150 a 300 minutos de actividad física aeróbica de intensidad moderada,
o al menos 75 a 150 minutos de actividad física aeróbica de intensidad vigorosa, o una
combinación equitativa de ambas intensidades, para obtener beneficios significativos para la
salud.
La principal razón detrás del sobrepeso y la obesidad radica en un desajuste energético entre la
ingesta y el gasto calórico. A nivel global, se ha observado un incremento en el consumo de
alimentos con alto contenido calórico y grasas, así como una disminución en la actividad física
debido a estilos de vida sedentarios, ocupaciones laborales, modos de transporte y el crecimiento
de áreas urbanas (Romieu, et al., 2017).
Concluyendo que a pesar de la abundante información disponible sobre la conexión entre la
actividad física y, cada vez más, los comportamientos sedentarios y los resultados de salud en
todas las etapas de la vida, persisten deficiencias significativas. Especialmente, hay una escasez
de evidencia en relación con los países de bajos y medianos ingresos y las comunidades
desfavorecidas o insuficientemente atendidas, así como una falta de evidencia en adultos
jóvenes. Se requiere una mayor inversión en investigaciones que permitan recopilar datos sobre
la relación exacta entre la actividad física y/o los hábitos sedentarios y los resultados de salud,
los beneficios para la salud de la actividad física de intensidad leve y la conexión entre la
actividad física, los hábitos sedentarios y los resultados de salud a lo largo de toda la vida .
Actividad física y calidad de vida
La relación entre la calidad de vida y la actividad física es profunda y bien documentada. Aquí
hay varios aspectos de cómo la actividad física influye positivamente en la calidad de vida:
Salud física: La actividad física regular está asociada con una serie de beneficios para la salud
física, incluida la reducción del riesgo de enfermedades crónicas como enfermedades cardíacas,
diabetes tipo 2, hipertensión arterial y algunos tipos de cáncer. Mantener un cuerpo saludable
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y activo a través del ejercicio puede mejorar la capacidad funcional y la longevidad (Barbosa,
2018).
Salud mental: El ejercicio regular se ha asociado con una mejor salud mental y bienestar
emocional. La actividad física libera endorfinas, que son neurotransmisores que ayudan a
mejorar el estado de ánimo y reducir el estrés, la ansiedad y la depresión. Además, el ejercicio
regular puede mejorar la autoestima y la autoimagen corporal (Barbosa, 2018).
Mejora de la función cognitiva: La actividad física regular también puede tener beneficios para
la función cognitiva y la salud del cerebro. Se ha demostrado que el ejercicio mejora la memoria,
la concentración y la capacidad de aprendizaje, así como reduce el riesgo de deterioro cognitivo
relacionado con la edad (Ruiz-González & Piñera-Castro, 2022).
Interacciones sociales: Muchas actividades físicas se realizan en entornos sociales, como
equipos deportivos, clases de ejercicio en grupo o caminatas en grupo. Estas interacciones
sociales pueden promover un sentido de pertenencia y conexión con los demás, lo que
contribuye positivamente a la calidad de vida y el bienestar emocional (Lizandra & Peiró-Velert,
2020).
Sueño mejorado: La actividad física regular puede mejorar la calidad del sueño, ayudando a
conciliar el sueño más rápidamente y a tener un sueño más profundo y reparador. El sueño
adecuado es crucial para la salud y el bienestar general (Mollayeva, et al., 2016).
Calidad de vida relacionada con la salud: La calidad de vida relacionada con la salud es un
concepto que abarca la percepción subjetiva de cómo la salud física y mental afecta la calidad
de vida en general. La actividad física regular está asociada con una mejor calidad de vida
relacionada con la salud, ya que contribuye positivamente a diversos aspectos del bienestar
físico, mental y social (Barbosa, 2018).
En resumen, la actividad física juega un papel primordial en la mejora de la calidad de vida de
las personas en múltiples aspectos, incluida la salud física, mental, cognitiva y social. Incorporar
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actividad física regularmente en la rutina diaria, puede tener un impacto positivo significativo
en la calidad de vida y el bienestar general.
DISCUSIÓN
Los resultados de esta revisión respaldan la importancia de la actividad física como una
estrategia eficaz para prevenir y tratar la obesidad. No obstante, se señalaron algunas
limitaciones en la literatura existente, como la variabilidad en la duración y la intensidad de la
actividad física evaluada, así como la escasez de estudios a largo plazo que investiguen los
efectos sostenidos de la actividad física a lo largo del tiempo (Bauce, 2022).
La relación entre la actividad física y la obesidad es un tema crucial que ha generado un amplio
debate en la comunidad científica y en la sociedad en general. La obesidad es una condición
multifactorial, influenciada por diversos aspectos como la genética, el entorno socioeconómico,
los hábitos alimentarios y, por supuesto, el nivel de actividad física (Nieto-Ortiz, et al., 2021).
La actividad física desempeña un papel fundamental en la prevención y el tratamiento de la
obesidad. Se ha demostrado que el ejercicio regular ayuda a controlar el peso corporal al
aumentar el gasto energético y mejorar la composición corporal, al tiempo que reduce el riesgo
de desarrollar enfermedades relacionadas con la obesidad, como la diabetes tipo 2,
enfermedades metabólicas y ciertos tipos de cáncer (Franco-Gallegos, et al., 2024).
La relación entre la actividad física y el sobrepeso es un tema crucial en la salud pública y la
medicina preventiva. El sobrepeso y la obesidad son problemas de salud crecientes a nivel
mundial, con implicaciones significativas para la calidad de vida y el riesgo de desarrollar
enfermedades crónicas como las cardiovasculares (Aguirre-Chávez, et al., 2023).
La relación entre la actividad física y el sedentarismo es un tema de gran importancia en la salud
pública y la medicina preventiva. El sedentarismo, definido como una baja cantidad de actividad
física en la vida diaria, se ha convertido en un problema de salud global, con consecuencias
significativas para la salud y el bienestar de las personas (Amagua, 2023).
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La actividad física regular tiene numerosos beneficios para la salud, que van desde la prevención
de enfermedades crónicas hasta la mejora del bienestar emocional y la calidad de vida. Por otro
lado, el sedentarismo se ha asociado con un mayor riesgo de desarrollar una amplia gama de
enfermedades, incluyendo enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, obesidad, cáncer y
trastornos musculoesqueléticos, entre otros (Arocha, 2019).
La relación entre la actividad física y la calidad de vida es un área de investigación ampliamente
estudiada y reconocida en la literatura científica. La actividad física regular se ha asociado
consistentemente con una mejor calidad de vida en varios aspectos:
En primer lugar, la actividad física contribuye a mejorar la salud física. El ejercicio regular ayuda
a mantener un peso saludable, reduce el riesgo de enfermedades crónicas como la diabetes tipo
2, enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer, y fortalece el sistema inmunológico.
Además, la actividad física puede mejorar la función cardiopulmonar, la resistencia muscular y
la flexibilidad, lo que permite a las personas realizar sus actividades diarias con mayor facilidad
y disfrutar de una mejor movilidad y autonomía (Alomoto, et al., 2018).
En segundo lugar, la actividad física tiene beneficios significativos para la salud mental y
emocional. Se ha demostrado que el ejercicio regular reduce el estrés, la ansiedad y la depresión,
mejora el estado de ánimo y la autoestima, y promueve un mejor sueño y una mayor sensación
de bienestar general. Participar en actividades físicas recreativas también puede ser una forma
efectiva de socializar, establecer relaciones sociales positivas y mejorar la salud mental en
general (Stern, et al., 2020).
CONCLUSIONES
Es importante destacar que la actividad física por sí sola puede no ser suficiente para abordar
completamente la epidemia de obesidad. La dieta también juega un papel crucial y, en muchos
casos, la combinación de una alimentación saludable y la práctica regular de ejercicio físico es la
estrategia más eficaz para prevenir y tratar la obesidad.
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Además, factores como el acceso a instalaciones deportivas, el tiempo disponible para realizar
ejercicio, el apoyo social y cultural, así como las barreras económicas, pueden influir
significativamente en la capacidad de una persona para mantener un estilo de vida activo.
Es crucial adoptar un enfoque integral para abordar el sobrepeso, que incluya tanto la
promoción de la actividad física como la educación sobre una alimentación saludable y
equilibrada. Además, es importante considerar la importancia del apoyo social, el acceso a
entornos seguros y propicios para la actividad física, y la eliminación de barreras que puedan
limitar la participación en ejercicio regular.
En resumen, aunque la actividad física desempeña un papel importante en la prevención y el
tratamiento del sobrepeso, abordar este problema de salud de manera efectiva requiere un
enfoque holístico que tenga en cuenta múltiples factores y que promueva comportamientos
saludables en todos los aspectos de la vida.
Abordar el sedentarismo requiere un enfoque multifacético que incluya políticas públicas,
cambios en el entorno construido, promoción de estilos de vida activos y educación sobre los
riesgos del sedentarismo. Es importante fomentar la creación de entornos que faciliten y
promuevan la actividad física, como el diseño de ciudades y vecindarios caminables, la
promoción del transporte activo y el acceso a espacios verdes y áreas recreativas.
En conclusión, la actividad física y el sedentarismo están estrechamente relacionados, y
promover un estilo de vida activo es fundamental para prevenir enfermedades y mejorar la salud
y el bienestar de la población.
Es importante destacar que la relación entre la actividad física y la calidad de vida es
bidireccional: no solo la actividad física mejora la calidad de vida, sino que las personas con una
mejor calidad de vida tienden a ser más activas físicamente. Esto sugiere que promover un estilo
de vida activo puede ser una estrategia efectiva para mejorar la calidad de vida en general.
En resumen, la actividad física desempeña un papel fundamental en la mejora de la calidad de
vida en múltiples aspectos, incluyendo la salud física, mental, emocional y social. Fomentar la
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participación en actividades físicas regulares puede ser una estrategia efectiva para promover
el bienestar y mejorar la calidad de vida de las personas en todas las etapas de la vida.
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